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Una ciudad vital y dinámica con un pasado grandioso: Siracusa, fundada por los griegos en el siglo VII a. C., permite realizar un verdadero viaje en el tiempo, inmerso en una historia por descubrir. Junto con un guía experto, visite el Parque Arqueológico de Neapolis y camine entre las ruinas aún intactas de la ciudad helénica y romana. Déjate encantar por el misterio de la Oreja de Dionisio, una cueva llamada así por Caravaggio durante una visita en 1608, donde podrás experimentar una acústica capaz de amplificar incluso los susurros. No se pierda la magnificencia del Teatro Griego - un ejemplo de ingeniería antigua, todavía utilizado hoy para música y espectáculos - y el Anfiteatro Romano - con una estructura elíptica, rodeada de escalones en dos niveles. Continúa hacia la Isla de Ortigia, la zona más antigua de Siracusa, con una visita a las antiguas ruinas del Templo de Apolo, el templo de piedra más antiguo construido por los griegos en Occidente. Continúa el paseo hacia Piazza Duomo para ver la Catedral de influencia romana y normanda, con la fachada adornada con columnas y un gran ventanal en el centro. Maravíllate ante la elegancia del Palacio Municipal de Vermexio, antigua sede del Senado de la ciudad, y maravíllate ante el lujo del Palazzo Benventato del Bosco, una residencia noble con habitaciones decoradas, estucos y frescos originales. Un viaje por etapas para comprender la perfección que se convierte en icono.
Siracusa transmite un patrimonio religioso antiguo que hunde sus raíces en los primeros siglos del cristianismo. En el corazón de la isla de Ortigia se encuentra la Catedral de Siracusa, edificada sobre las estructuras de un antiguo templo griego y transformada en catedral cristiana, signo tangible de una fe capaz de atravesar épocas y civilizaciones. La ciudad está profundamente ligada a la figura de Santa Lucía, patrona de Siracusa, cuyo testimonio de luz y martirio continúa viviendo en las solemnes celebraciones y en la devoción popular. Las iglesias barrocas, los lugares vinculados a los orígenes del cristianismo y las catacumbas paleocristianas narran una espiritualidad antigua, silenciosa y profundamente arraigada. Siracusa se revela como destino de recogimiento y reflexión, donde el tiempo parece suspendido y el camino del visitante se convierte en una experiencia de fe, memoria y contemplación interior.